La duda

—Se presenta el mano de guerra Förnir Hergän, cabeza de guerra.

Pido permiso para acceder a su tienda, mi señor.

—Entrad —Dijo el cabeza de guerra, sin demasiadas florituras.

El hermano de guerra cruzó la entrada y realizó el habitual saludo marcial, consistente en juntar las piernas realizando un golpe de talón, al tiempo que con el puño se golpeaba el pecho.

—Ya sabéis que tenéis fama de ser uno de los hombres más discretos de todo el ejército —Le dijo el cabeza de guerra.

—Si fuera tan discreto como dicen que soy, desde luego que no tendría esta fama —Le contestó el mano de guerra, dejando entrever una tímida sonrisa.

—Bien dicho —Dijo el cabeza de guerra, contagiado y superando esa sonrisa. Tras lo que continuó —: He aquí el tipo de perspicacia que requiero para esta misión. ¿No habéis notado nada inusual en la forma de lucha de esos pueblerinos?

—La sorpresa por la victoria y la facilidad con la que lo han logrado es, a día de hoy, la comidilla de todo hermano de guerra en el

campamento, cabeza de guerra.

—Bien, quiero que me traigáis algo más que simples habladurías de combatiente borracho, quiero preguntas inteligentes con sus correspondientes y aclaradoras respuestas y no quiero tener que esperar demasiado por ello. Confío en vuestra sagacidad.

—Podéis contar con esa sagacidad y el resto de mis cualidades para esta misión, cabeza de guerra —Dijo el mano de guerra, realizando de nuevo el saludo marcial y saliendo raudo por donde había entrado.

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