La chispa

Un hombre sin futuro corre por la llanura. Su cuerpo no está hecho para la carrera y sin embargo, lleva varias horas entregado a ella. Tiene algo importante que decir.

Sus tobillos sangran por las zarzas del camino y su cara muestra los arañazos de las ramas que no supo esquivar, pero no se detendrá. A lo lejos, una campesina entrada en años lo ve llegar. Asustada, le pide a su joven hija que se esconda. El hombre se acerca sin parar, salta los surcos de la tierra con torpeza y ya se le oye jadear. La mujer lo espera azada en mano, dudando entre atacarlo o socorrerlo, pero cuando éste llega, se desploma ante ella. El corazón le está abandonando a su suerte, pero con su último aliento, le susurra su mensaje y ella se horroriza.

Con un grito llama a la niña y ésta viene hacia ella, le pide que corra hasta la lejana cabaña de los mensajeros y les cuente, palabra por palabra, lo que le va a decir. No debe parar por nada y no debe olvidar lo que dirá. La niña obedece asustada, la última vez que su madre tenía esa cara, los lobos venían, pero esta vez no hay fiera alguna.

La niña empieza a correr sin dificultad al principio y sin fuerzas al final, nunca había corrido tanto ni tan lejos. No mira atrás, y si lo hubiera hecho, hubiera visto a su madre llorar.

Antes de caer la noche, uno de los mensajeros pasea cerca de la cabaña y ve a una niña jugar. Sonríe mientras la contempla correr, pero conforme se acerca, su semblante empieza a cambiar. Con la carita rojay sudando, llega hasta él, cae en sus brazos tosiendo y jadeando, sin poder hablar. Él teme que muera ahogada, así que la carga en brazos y corriendo la lleva hasta la cabaña. En unos minutos ella empieza a respirar con normalidad y toma un poco de agua que le ofrece el otro mensajero, acto seguido les explica aquello que les tenía que contar. Ellos, angustiados, redactan un mensaje y lo copian varias veces en diferentes trocitos de cuero, los toman y salen a la cuadra. Allí van sacando de sus jaulas a las palomas, les atan los mensajes y las hacen volar.

En las siguientes horas, los mensajeros más cercanos reciben las misivas, las duplican y las vuelven a enviar. Unos utilizan palomas y otros cuervos, los más capaces tienen halcones y otros se tendrán que conformar con perros mensajeros.

Conforme avanzan los días, el mensaje se va extendiendo por el continente, atravesando estados, reinos y principados, llegando hasta los encargados de valorar estos documentos. Sin embargo, el contenido les confunde y nadie parece poder interpretarlo correctamente, al final, como siempre, la explicación más cómoda se acaba imponiendo.

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