El despliegue

Las órdenes fueron explicadas con todo lujo de detalle, no había hermano de guerra que no las conociera, ni laderense que no hubiera sido informado de ellas. Teniendo en cuenta la gran actuación de éstos en el último encuentro, el cabeza de guerra los consideraba uno de los pilares de su estrategia. Sin embargo, no iban a ser su única ventaja. La especial orografía del terreno también iba a ser utilizada para detener a lo que fuera que viniera a enfrentarse a ellos. El cabeza de guerra consideraba que su inteligencia y dedicación a planificar el encuentro sería la tercera de las ventajas, la que daría forma a las otras dos para fraguar una victoria que se recordaría en los libros de historia.

Todas las esperanzas que el cabeza de guerra tenía depositadas en ese nuevo enfrentamiento contrastaban con la actitud conformista que reinaba en el ejército oxäno tiempo atrás, antes de la batalla anterior. Esa victoria había llenado de optimismo y buen humor los pensamientos de los hermanos de guerra. No parecían los mismos que los laderenses conocieron a su llegada. El sol volvía a brillar con esplendor sobre el ejército oxäno.

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