El desembarco

Fue una llegada escalonada, de un barco tras otro, lo mismo que había sido la partida. Tomó varias horas realizar el proceso completo y reunir a todos los laderenses, que durante toda la travesía habían permanecido en grupos aislados, teniendo ocasión de verse en apenas un par de ocasiones durante las dos paradas adicionales que hubo en el trayecto.

Como la llegada fue de madrugada, todavía hubo tiempo para que iniciaran una caminata que les alejó bastante de la población, aunque para ello tuvieron que caminar hasta bien entrada la noche. Al final, a una distancia prudencial del puerto que habían dejado atrás, decidieron acampar.

A la mañana siguiente iban a tener que madrugar lo mismo que si hubieran dormido la noche entera. Todavía quedaban unas veintitantas jornadas de camino por delante hasta llegar a su destino final: probablemente el lugar del próximo encuentro con el enemigo.

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