Ascenso a la cima

Al día siguiente, los dos muchachos decidieron acercarse hasta el clan de la cima, hogar de Ëinir, y recoger el oro que necesitarían para el viaje. El trayecto lógico sería realizar una parada en el clan de la ladera, de donde procedía Ära, pero ella declinó sin muchas explicaciones.

—Prefiero no volver todavía al poblado. —Le dijo a Ëinir después de que el muchacho le ofreciera acercarse hasta él.

—¿Estás segura, Ära?, el camino es casi el mismo —Insistió extrañado Ëinir.

—Sí, muy segura. Además no tenemos tiempo que perder, el grupo principal nos lleva ventaja y todavía tenemos que subir hasta la cima.

—De acuerdo, de todas formas no hay que llegar hasta el fin de la montaña.

—¿No vivís en la cima?

—Bueno, no tan alto, un poco por debajo de ésta.

—¿Ves? Ni siquiera he estado antes allí, viviendo tan cerca.

—La verdad es que yo tampoco he estado nunca en tu poblado.

—No te pierdes nada, cuatro casas y algunas viejas chismosas.

—Vaya, dicho así, parece que sea el mío.

El viaje fue medianamente animado, la conversación entre los muchachos era fluida y desenfadada, consiguiendo que no se hiciera muy largo. En realidad, comparado con la odisea que habían vivido, era un simple paseo.

Cuando llegaron a la cima, en efecto, el poblado era muy similar al que Ära conocía, pero con menos habitantes todavía y bastante más nieve. Gracias al efecto del Sol, el frío no estaba siendo tan agresivo como solía ser habitual. El silencio parecía el único habitante del lugar, aunque algunas ventanas se entreabrieron lo justo para que unos pocos ojos curiosos pudieran examinar a la pareja sin ser vistos. Parecían olvidar que Ëinir, como cualquier otro lugareño, conocía a cada uno de los habitantes de su poblado.

Contrastando con la sepulcral calma, varios metros más allá, unos gritos rompieron la escena.

—¿¿Ëinir, Ëinir, eres tú?? —Dijo una voz conocida—. ¡Sí, eres tú, pavo! ¡Has vuelto!

El Sol de cara no le permitía ver al interlocutor, pero no había ninguna duda, se trataba de su amigo, Lögit.

—¿Lögit? ¿Eres tú? —Preguntó extrañado, Ëinir.

—Pues claro que soy yo, ¿acaso tienes algún amigo más en el pueblo?

—Le contestó gritando Lögit, todavía a distancia, pero acercándose con rapidez.

—¡Qué sorpresa! Creía que te habías marchado con los demás.

—¿Yo? Con esos idiotas, ni hablar, la guerra no es para mí —Dijo Lögit, al tiempo que se le echó encima con un sincero abrazo.

—Gracias, Lögit, necesitaba ver una cara amiga —Le contestó él.

—¿Y yo qué soy, tu enemiga? —Se entrometió, un poco ofendida, Ära.

—Eso, ¿quien es esta pava? ¿De dónde la has sacado? —Le inquirió Lögit.

—Es Ära, también es una amiga, viene de uno de los clanes de la media montaña —Contestó Ëinir.

—¿Amiga? Ésta no será ni la mitad de amiga de lo que soy yo, pavo —Le dijo Lögit, siendo difícil saber hasta que punto bromeaba y añadiendo—: ¿Qué es esto que lleváis? ¿También portáis armas, como los otros?

—Sí, son las nuestras, estaban en el poblado del valle, todavía quedan algunas —Le aclaró Ëinir.

—¿Y pensáis ir a la guerra? ¿Con los demás? —Dijo con sorpresa e incredulidad, Lögit.

—Bueno, para eso hemos tomado las armas —Contestó Ëinir no muy convencido.

—¿Y para eso habéis vuelto? ¿A buscarme? —Dijo de nuevo Lögit.

—No, hemos venido a por el oro de Ëinir, ignorábamos que te encontraríamos —Le explicó Ära, un poco cansada de no poder participar en la conversación.

—¿Así que has vuelto a por el oro de tu tía y no por mí? Muy bonito, pavo, muy bonito. —Le reprochó Lögit.

—Bueno, no sabía que estabas aquí, además, tú no quieres ir a la guerra —Se explicó Ëinir.

—¡Claro que quiero ir! —Contestó Lögit sin dudar.

—Pero si acabas de decir que no, que son unos idiotas —Le recriminó Ëinir.

—Sí, y lo son, pero tú no te vas a la guerra sin mí, además esas armas que tenéis son impresionantes. ¿Cuánto pueden valer? Tranquilamente una piel de ridgun entera. Yo quiero mi martillo, lo tengo claro.

—Bueno, no lo sé, no entiendo de armas —Se sinceró Ëinir.

—Mirad, pavos, esto es lo que haremos; iremos a por el oro de tu tía, después comeremos y prepararemos el viaje. En unos tres días podemos estar ya bastante lejos. Ära, guapa, ¿te gusta la sopa? Mi abuela hace una que resucitaría a un muerto —Añadió Lögit mientras se situaba entre ambos, colocando sus manos sobre los hombros de los dos viajeros, llevándolos en dirección a su casa.

Puedes comprar el libro por sólo 1€